PROLOGO

Se pretende que sea éste un espacio dedicado a entretener y deleitar (... a través de la fotografía fundamentalmente) ... a dar a conocer (...o traer al recuerdo) ciertos monumentos o espacios situados en el término o cercanías de Lahiguera. ...a llamar la atención por el estado de abandono y deterioro de muchos de ellos, ...y si llegara el caso, a remover la conciencia de todos los que somos "herederos" de tales monumentos y espacios, y que con nuestra aportación ayudásemos a la conservación de los mismos.

jueves, 26 de junio de 2014

FERIAS Y FIESTAS EN HONOR DE SAN JUAN BAUTISTA EN LAHIGUERA (JAÉN).




PREGÓN DE LAS FIESTAS DE SAN JUAN BAUTISTA DE LAHIGUERA, AÑO 2014.





¡Buenas noches! Sr. Alcalde y demás autoridades. ¡Buenas noches! paisanos y paisanas aquí presentes.

En primer lugar quiero agradecer al Excmo. Ayuntamiento de Lahiguera el que me haya concedido el honor de pregonar las Fiestas de mi pueblo. Entiendo que para un higuereño es una distinción mayor. Me siento muy honrado y muy feliz, por lo que reitero mi sentimiento de gratitud.
También deseo expresar el recuerdo afectuoso para todos aquellos higuereños que por fuerza mayor no se encuentran durante estos días entre nosotros; la emigración me quitó amigos y familiares y, naturalmente, un saludo también entrañable para todos los higuereños de adopción.
Permitidme que este acto lo dedique también a mis amigos, que han venido expresamente a acompañarme esta noche; a mi querida familia y, especialmente, a la memoria de mis padres.

He sido muy afortunado naciendo en esta Tierra, y más afortunado aún, pudiendo vivir y trabajar en ella en mi juventud. De todo ello guardo un entrañable recuerdo. Soy de una generación de la que algunos, con el sacrificio de nuestros padres, pudimos acceder a estudios superiores, y una vez titulados, había que buscarse la vida según necesidades y preferencias de las aspiraciones personales.
Pertenezco al grupo de higuereños que no pasan todo el año en Lahiguera, sino que van y vienen, aunque pensando siempre en ella y su historia. Ahora no disfrutamos de todos sus acontecimientos, ni padecemos todos sus rigores en verano; pero después de haber vivido durante muchos años en Lahiguera, ahora contemplarla de lejos, quizá da la oportunidad de conocerla mejor. Con el tiempo he aprendido que cualquier situación para ser comprendida ha de ser analizada desde dentro y desde fuera. Se suele decir “si quieres a tu pueblo, vete lejos”. Y es que, a veces, necesitamos alejarnos un poco de las cosas que amamos para poder verlas y apreciar mejor su valor desde la distancia. Parece que apreciamos más las cosas cuando no las tenemos a mano, cuando nuestra atención ha roto la rutina de cada día.



Recuerdo de modo especial cuando de niño como se percibía el anticipo de fiestas al llegar los zapateros de Andujar, a hacer su agosto de ventas de calzado y el ir y venir de las jóvenes, y madres con los niños. Cuando comenzaban a llegar los camiones de los feriantes con sus atracciones y empezaban a trabajar duro en el montaje de cada una de ellas.

Para muchos la parte más divertida de las fiestas, sin proponérselo, eran las situaciones cuasi cómicas que montaban Juana la de Cañones y Cañones su marido, año tras año se ubicaban en la esquina de la casa de Vicentillo, donde hoy está la terraza del Olivo. Cañones se apipaba de vino y Juana indignada organizaba su particular pasillo de comedias, él tras unos diálogos de lo más divertidos, y respondiendo a los argumentos de su esposa, terminaba acostándose debajo de los mostradores de juguetes y de la bisutería de feria, sacaba la mano por debajo de la faldilla de tela del mostrador  y asustaba a las niñas y jóvenes que se acercaban a ver la mercancía.

¡Que recuerdos! Alejandro el de las voladoras comenzaba a hacerlas girar e iba embarcando a cada cual en su sitio y los niños a esperar a que se completara, con la impaciencia del que esperaba arriba, y la advertencia de los padres de que no nos acercásemos por el recuerdo del accidente de Angelita la hija de doña Ana “la Boticaria”. El carrusel también se montaba en la calle Gran Vía donde se ubicaban todas las atracciones: los coches locos, las casetas de tiro, tómbolas de muñecas, etc.;  colocando el circo en las proximidades del pozo de los Pastores en los Eucaliptos.

La plaza era el lugar de concurrencia de todos, sus personajes y establecimientos: La Tómbola parroquial con los regalos donados por todo el pueblo para conseguir dinero para las obras de la iglesia, o para comprar imágenes (la Soledad de Domingo Sánchez Mesa y los Dolores de José Navas Parejo), el Casino y la Peña, Maeo con su voz nasalizada tan característica y sus helados de

“mantecao” (muy rico), el tío de los refrescos de sabor naranja y fresa que nos hacía beber a uno detrás de otro sin enjuague previo del vaso, el tío de los camarones con sus cucuruchos pequeños y bien igualados que llenaba según demanda, los tostaos del torrecampeño que servían para acompañar la cerveza, Colín padre e hijo y Victoria, el Cojo de la Perejila y María, los bares que venían de fuera, los puestos de turrones y coco en la calle Ramón y Cajal.

La Caseta municipal de baile en el centro de la Plaza, la valla y el corrillo de mujeres mayores sentadas alrededor del recinto, aquellas inexplicables dobles pistas de baile: la de entrada de  pago y la gratuita. La orquesta Sahara de Jaén, el reverso de la entrada de pago que decía: “Cuidado, ojos inocentes lo están mirando “y que a algún andujeño “aprovechao” le supuso el aviso del Jefe sobre su comportamiento.
Las carreras de cintas, las cucañas, la tarde de Toros con Juan “el Ciensa”, Juan Antonio “el Musiquillo” y Juanjo 2el Caballillo”, el Torneo de futbol con aquel equipo histórico de “Goguito”, Juanito de “la Riza”, Requero, Millán y una alineación bastante completa, las carreras de sacos que siempre ganaba Requero, ¡muchas situaciones divertidas! y el temido toro de fuego que concluía estos días de Fiesta. 

Según algunos estudios, la fiesta que ha derivado desde hace siglos como Fiesta de San Juan, tiene su origen en la celebración, en tiempos remotos, del solsticio de verano, donde ya la fiesta giraba en torno al toro, al vino y al fuego. El origen de la fiesta del Solsticio de Verano proviene del precristianismo, a la cual a posteriori se unieron las tradiciones religiosas de la iglesia católica. El hecho de adscribirse esta fiesta bajo la advocación de Juan El Bautista es la muestra de la cristianización última de un rito pagano que parece haber resistido sucesivamente influencias de la religión romana, paleocristiana, musulmana y, nuevamente, cristiana.

El solsticio de verano ocurre cuando la inclinación del semieje de nuestro planeta, ya sea en el norte o en el hemisferio sur, está más inclinado hacia el sol. La inclinación máxima del eje  de la Tierra hacia el sol es de 23 ° 26’. Esto ocurre dos veces al año, momentos en qué el Sol alcanza su posición más alta en el cielo, como se ve desde el polo norte o sur. El solsticio de verano ocurre en el hemisferio norte entre hoy 20 y el 22 de junio.

Fecha mágica la del solsticio, considerada la gran noche del amor, los oráculos, la adivinación y la fertilidad. Coincidiendo aproximadamente con la festividad de San Juan, desde tiempos prerromanos se han realizado en España diversas celebraciones en las que el fuego, en forma de hogueras o luminarias, jugaba un importante papel. Se ha interpretado que con esta acción se pretendía «dar más fuerza al sol» que, a partir de estos días de junio, va haciéndose más «débil» (los días se van haciendo más cortos hasta el solsticio de invierno). De la historia de la humanidad se desprende que la noche del fuego es tan antigua como la propia humanidad y viene a renovar, según creencias, la esperanza de encontrar y conservar el poder supremo a través de un sol fortalecido y duradero. Durante los meses de otoño, invierno y primavera, nuestros antepasados del Yacimiento Neolítico de Los Pozos lo habían observado debilitado, con la consiguiente merma en los productos que derivaban de la caza, del ganado y de la tierra. Por consiguiente, la celebración traería consigo la esperanza de subsistencia y el deseo de vivir y gozar de una vida exenta de techo estable, entre chozas o a la intemperie.

Cuando la primavera deja lugar al verano, y la noche se hace más fuerte que el día, sale a nuestro encuentro la festividad de San Juan Bautista: emerge la figura del “hombre que no merecía desatar las sandalias de Jesús, El Salvador”, pero que era a la vez “el mayor de los nacidos de mujer”, según palabras de Jesús.
La historia bíblica nos recuerda que Juan el Bautista nació el 25 de marzo del año 7 antes de Cristo, según el cómputo del calendario juliano-romano que posteriormente sería sustituido por el calendario gregoriano en 1582, por bula del papa Gregorio XIII, que es el que nos rige ahora. La tradición cristiana festeja el nacimiento de Juan el Bautista junto al santoral de su propio nombre el 24 de junio según el calendario gregoriano. La historia bíblica nos recuerda en diferentes párrafos evangélicos, que Juan el Bautista nació seis meses antes que su primo carnal, Jesucristo; quien vino al mundo el 24 de diciembre. Fecha a la que restamos seis meses por diferencia de edad y como resultado nos deja el 24 de junio para el nacimiento de Juan el Bautista.


Los orígenes de S. Juan son de todos conocidos, pero en esta noche que anuncio el inicio de las fiestas en su honor quiero hacer una pequeña biografía de nuestro Patrón San Juan Bautista. Juan significa -en hebreo- "Dios concede su favor"; es decir, Dios muestra y comunica su amor. Su favor, su amor, para con aquellos padres -Isabel y Zacarías- que querían tener un hijo y no venía (entonces los hijos se tenían muy jóvenes, y llegar a una edad madura sin tenerlos, hacia pensar que ya no se podían tener). En el nacimiento de Juan ocurrieron hechos singulares e insólitos. Zacarías e Isabel, sin ponerse de acuerdo y por separado, presintieron que «su nombre era Juan». A Zacarías le volvió el habla cuando lo escribió en las tablillas. Y, sobre todo, el niño «saltó de gozo» y fue santificado en el seno de Isabel, cuando «la madre de su Señor fue a visitarla».

De los santos solemos celebrar el día de la muerte, el verdadero "dies natalis". De San Juan, sin embargo, celebramos el nacimiento (el 24 de junio) pues el martirio fue el 29 de agosto. Juan El Bautista será el anunciador, el preparador de la gran revelación del amor de Dios que se realizará en Jesús, en el Hijo de Dios hecho hombre.

El Bautista, creció en la soledad de rocas desnudas y abruptos barrancos que se extienden entre los montes de Hebrón y la ribera occidental del mar Muerto. Vivió errante como los antiguos profetas, hoy en una gruta, mañana en una choza. Anduvo cerca de Eugadi a la orilla del mar Muerto, y allí se entregó a las más duras penitencias. Nunca se cortó el cabello, ni probó vino, ni tocó mujer alguna, vestía una piel de camello y un cinturón de cuero, bebía agua de los torrentes y comía miel silvestre y langostas. El contacto con la naturaleza lo hizo de un temperamento fuerte, valiente, varonil; vestía medio desnudo y sus carnes estaban quemadas por el sol del desierto. Consoló y purificó con agua del Jordán a cuantos se acercaban a él, e iba preparando y allanando los caminos del Señor, algunos impresionados por sus palabras se arrepentían y renunciaban a su vida pasada. Recordemos que también Jesús fue bautizado por él.


La muerte del Bautista es de todos conocida, murió decapitado, y su cabeza rodó por el suelo, cabeza que luego fue presentada en bandeja al que había ordenado su ejecución, pero los ojos del Bautista quedaron abiertos, fijos en la mirada del que le causó la muerte, le acusaba de su pecado de lujuria, de su cobardía. En estos tiempos, es bueno detenerse ante la figura humilde y gigantesca de Juan El Bautista: el hombre vocacional por excelencia. No le faltaron zancadillas, murmuraciones, dudas y persecución por ser profeta. Nada le amedrentó ni le hizo retornar de sus posiciones. La defensa de sus ideales, apoyado en la confianza en Dios y su intrepidez, le trajeron como premio el martirio.

El mismo Jesucristo dijo de él que “no ha nacido de mujer nadie más grande que Juan”. La tradición cristiana ha añadido al nombre de Juan el calificativo de "Bautista", quizá para distinguirlo del otro Juan, el apóstol predilecto de Jesús (y, según la tradición, también su evangelista).

Se espera de un  Pregón que diga algo nuevo y que recuerde a la vez algo ya pasado sobre la historia del pueblo.
Ahora dedicaré todo el resto del tiempo disponible a hablar de lo que más me gusta: La Historia de Lahiguera. Con ello atiendo la razón que indujo al Alcalde, al teniente de Alcalde y a la Comisión de festejos a hacerme la petición de pregonar las fiestas de San Juan.

Hay mucho ya investigado  y os invito a su lectura en el blog Lahiguera, que un grupo de entusiastas procuramos mantener vivo con nuestras aportaciones escritas (Manuel Jiménez, Juan José Mercado y yo). No en vano, este grupo de personas del pueblo y yo llevamos algunos años dedicados a investigar, dentro de nuestras posibilidades,

sobre lo que históricamente ocurrió por estas tierras en épocas pasadas.

Tengo 30 artículos publicados en el blog, todos referidos al pasado de Lahiguera: La Virgen de la Soledad de Domingo Sánchez Mesa; la V. de los Dolores de José Navas Parejo; a la Virgen de la Cabeza del Santuario; a La piedra oscilante que había allí; Recuerdos escolares de los años 50 dedicado a mi maestro Don Ramón Delgado González, a Los noviazgos y bodas de mis tiempos; Las costumbres de Las Cencerras a los casaderos mayores; a Los Aguadores de Lahiguera; a la Noria de la Huerta Caniles; a Francisco Palomino de Ledesma y Aguilar y su relación con Cabra de Santo Cristo, a los Caballeros Hijosdalgos de Higuera de Arjona; a La casa del Ayuntamiento de Lahiguera que hoy nos alberga, obra de Aníbal González Álvarez-Osorio arquitecto de La Plaza de España de Sevilla; al Anecdotario del catastro del Marqués de la Ensenada con el litigio entre Francisco Quero subdirector de las declaraciones y el sacristán y organista Bernardo Cubillas de Cuesta que no quiso pagarle el real y medio que le pedía, la intervención del Párroco Juan Ruiz Christino, los 80 ducados que cobraba el sacristán mientras el maestro ganaba 40; al Yacimiento arqueológico del Neolítico de Los Pozos; al Puente romano del Arroyo Salaillo de Lahiguera; Las Actas de Demarcación del término de Higuera de Arjona con los pueblos colindantes; a Los asentamientos islámicos del siglo XI, XII y XIII; a La adquisición o conquista de Fernando III, al Ducado de Arjona al que pertenecía La Higuera, Higuera de Arjona y la Batalla de Bailen, con la presencia de los generales Redding, Cuopigny  y de San Martín y miles de soldados y caballería en un campamento militar provisional a las orillas del Salado justo en la zona del Cortijo de La Paz (del Parreño), y la posterior posición por la zona de Pozo Nuevo en espera de marchar a Villanueva donde tropas francesas habían tomado posiciones estratégicas; etc. 

Estos son entre otros los publicados a lo largo de más de 3 años. Deseo destacar los dos artículos importantes referidos al Viaje de Beato Fray Blas Palomino a Méjico y Filipinas, sin dejar en el tintero las biografías de dos higuereños ilustres actuales como son: El Profesor Doctor D, Juan Luis Pérez Navero, Catedrático de Pediatría de la Universidad de Córdoba y el meritorio Profesor Ignacio Ahumada Lara, Vicerrector de la Universidad Menéndez y Pelayo de Santander, autor de la Breve historia de Higuera de Arjona que desde 1995 tenemos en nuestras casas todos los higuereños.


Por el tiempo disponible y porque considero que es lo más importante entre lo publicado, os hablaré hoy del higuereño Beato Fray Blas Palomino.

Me referiré con frecuencia a La vida y muerte de Fray Blas Palomino tomado del libro de Francisco de Bilches: Santos y santuarios del Obispado de Jaén y Baeza, escrito en 1653.

En el capítulo 67 dice: El venerable Padre fray Blas Palomino era natural de la Higuera de Andúxar. (La todavía llamada en este texto "Higuera de Anduxar" se había hecho independiente de la villa de Anduxar en 1558, doce años antes que naciera Blas Palomino, pero se siguió denominando así por mucho tiempo más).

En el año mil quinientos setenta nació en la villa de la Higuera de Andúxar el venerable padre fray Blas Palomino. Sus padres fueron Francisco Ruiz Palomino y doña María Verdejo (…). A los cuatro años fue con sus padres a novenas a nuestra Señora de la Cabeza, santuario de los más celebres de España. En la escuela era muy querido por su apacible condición, y trataba con los otros niños, no de travesuras, o juegos, sino de las cosas que oía en los sermones (…). A los dieciocho años inició en Baeza su firme y decidida preparación para la vida eclesiástica. Comenzó a estudiar la Gramática en Baeza, y a los pocos meses demostró ingenio (…). Volvió a casa de sus padres para administrar la hacienda. Dejó el estudio, mas no la virtud que aprendió en escuelas, era habitual en su vivir diario: oír misa al reír del alba, confesar, y comulgar frecuentemente, rezar todos los días el rosario y otras devociones.
Aplicose a la labor del campo sin mostrar dificultad. Tenía puesto su gusto en darlo a sus padres y obedecerles en todo lo que le ordenasen. En el campo era el primero que echaba mano al arado y azadón, y el último que los dejaba, no tanto por aumentar la hacienda, cuanto por ensayarse para los  trabajos de mayor monta, que ya deseaba padecer por la gloria del Señor. Apenas había criado, por robusto que fuese, que mantuviese tela con él  (ningún criado trabajaba tanto). (…) Fuera del trabajo ordinario, que como se ha dicho, era de sol a sol, gastaba buena parte de la noche, aunque viniese cansado, delante de un crucifijo que para este fin tenía en su aposento (…) No paró aquí, porque la caridad que ardía en las entrañas de Blas Palomino le incitaba a remediar en todo, o en parte, las necesidades de los prójimos (…) Vio a uno en tiempo de frío, muy desnudo, y no teniendo a mano con qué poderle remediar, se quitó su vestido costoso y se lo dio al pobre, y por camino escusado (camino escondido ya que no tenía ropa) volvió a su casa y vistió el ordinario con que solía ir al campo. Y desde aquel día no admitió vestido lujoso. Tanta fue su caridad, tan grande su modestia. (…)


Pasados tres años volvió a Baeza a proseguir sus estudios (…). Aquí supo de los empleos de los religiosos en los reinos del Japón (…)
En el convento de San Francisco de Montilla vistió el hábito religioso, profesó en la Orden de San Francisco de los Descalzos de San Juan Bautista y fue ejemplo de novicios (…) Fue dotado de una alegría religiosa, y tanta afabilidad, que se entraba en los corazones de la gente y se hacía señor de ellos. (…)
Sobre su ordenación sacerdotal, se recoge en la Página 215 del libro de referencia: (Santos y Santuarios del Obispado de Jaén y Baeza, 1653, del Padre Francisco de Bilches, de la Compañía de Jesús, Rector del colegio de San Ignacio de la ciudad de Baeza), que intentó ingresar en la Orden de los Jesuitas, pero que por no esperar la llegada del Provincial de esta Orden, se fue al Convento de san Buenaventura de la Orden Franciscana, a una milla de Baeza, y hallándole suficiente lo enviaron al Convento de San Francisco de Montilla. Allí vistió el hábito franciscano con un espíritu tan fervoroso que fue ejemplo de novicios. Ordenándose en todos sus grados hasta el sacerdocio y como si entonces entrara en religión entabló una vida nueva.
 
Refiere Ahumada Lara, Ignacio, (Breve historia de Higuera de Arjona, página. 30, 1995) que fue ordenado sacerdote en 1600, ( a los 30 años) dedicándose posteriormente a ser Maestro de Novicios durante ocho años, con suma vigilancia y rectitud, alcanzando fama de virtuoso y santo el venerable padre, al cabo de los cuales recibió permiso de sus superiores para dedicarse a la predicación en tierras de misión; por lo que abandonó Baeza y se encamino a Sevilla, donde permaneció (refiere Francisco de Bilches que en Sevilla él lo vio y recibió su bendición) y aguardo hasta la fecha de partida para América y Filipinas.

Partió de Baeza camino de Sevilla donde se había de embarcar para Filipinas; pero antes pasó por su pueblo, Lahiguera, despidiose de sus hermanos, y deudos, y de toda esta villa. Llegado a Sevilla quiso agradecer a su patria  la voluntad que en esta, y  otras ocasiones le mostraron. Escribió una carta común (para todos los higuereños), aunque el sobre escrito fue dirigido a un hermano suyo:
A mi hermano Pedro Palomino, que Dios guarde, en la Higuera de Andúxar. Pax Chirsti. No he escrito en todos estos días, hasta saber cierto nuestro viaje, ya parece que será presto, pues están las naves aprestadas, que saldrá la flota muy presto y así nos partimos esta noche para Cádiz (…)  tengo mucha necesidad de socorro de nuestro Señor, para satisfacer algo de lo mucho que debo, y así pido con mucho encarecimiento que me encomiende a nuestro Señor todos los días (…) Porque soy pecador y no merezco padecer por amor de Dios, si no es grandes tormentos por mis pecados, pidiendo a todos mis hermanos perdón de todo aquello que le haya ofendido, y faltado a su consuelo o provecho espiritual, les beso los pies, pidiéndoles humildemente que me perdonen (…) A todos mis hermanos, sobrinos y parientes, y a todo ese lugar, del cual yo tendré cuidado de encomendarlo a Dios: queden muy enhorabuena, que yo voy con deseo de no volver a España. De Sevilla, y de mayo treinta de mil y seiscientos y ocho años. (…). (Fin de la carta).

En los días de principio de junio de 1608 se embarca en Sevilla con destino a Filipinas formando parte de la misión franciscana que había de evangelizar aquellas tierras.

El viaje de Fray Blas Palomino a Filipinas se realizo en dos fases: La primera a través de Océano Atlántico vía México hasta Veracruz, y una segunda a Acapulco en la costa del Pacífico, y desde Acapulco cruzando el Océano Pacífico con llegada a Cavite en Filipinas y Manila. Desde Sevilla  se tomaba dirección a Sanlucar, después se seguía dirección Canarias, para en un mes y algo llegar hasta la isla llamada Dominica, donde tras una breve escala, y descanso se dirigían a San Juan de Ulúa, puerto de Veracruz, en el Golfo de Méjico, uno de los puertos a los que arribaban las naos españolas a su llegada para Nueva España, tardándose otro mes desde Dominica  a Veracruz.
 
Cabe decir que fray Blas Palomino, otros cuarenta y ocho religiosos, y Fray Francisco Gálvez (único conocido como compañero de fray Blas) llegaron a Manila el año 1609, siendo fray Francisco Gálvez destinado al Convento de Dilao. El viaje de Acapulco a Manila tuvieron que hacerlo en el llamado "Galeón de Manila" y también "Nao de la China", que hacía la travesía cada seis meses, siendo la única comunicación existente entre Filipinas y América. El viaje se hacía cruzando el Pacífico, por el archipiélago de las Carolinas y las islas Hawai.



El viaje desde Acapulco  a Filipinas duraba entre cincuenta o sesenta días, beneficiado por los vientos y las corrientes marinas, los cincuenta o sesenta días bastaban para cubrir 2.200 leguas desde Acapulco hasta Cavite y Manila y después serían repartidos por las diferentes tierras de misión según necesidades y las órdenes emanadas por el Obispo de Manila.


Desde que salio de Sevilla en 1608, y su llegada a Filipinas en 1609, estuvo realizando su misión de dar a conocer el Evangelio de Cristo, tal como se describe  a continuación en los siguientes textos:
“Los grandes, y admirables empleos, y trabajos padecidos por amor de Dios, del venerable Padre fray Blas Palomino, en el nuevo mundo por espacio de doce años, y su preciosa
muerte tan medida a sus deseos con que glorificó al Señor, refiere un compañero inseparable suyo, y de su misma Religión, y profesión (Francisco Gálvez). Pondré aquí a letra sus palabras, pues será mejor oír esta historia de un testigo de vista mayor de toda excepción, que no de quien la ha de hacer por relaciones.” (Tomados del capítulo 68 del libro  ya referido: Santos y santuarios del obispado de Jaén y Baeza, año 1653. Por el Padre Francisco de Bilches, de la Compañía de Jesús, Rector del Colegio de San Ignacio de la ciudad de Baeza):

Fue designado para evangelizar la zona  de la Contracosta, al este de la isla de Luzón, en el extremo opuesto a Manila, zona muy aislada del resto de la isla, debido a sus características topográficas, insalubridad e inseguridad de la zona por las numerosas rancherías o grupos de chozas habitadas por razas indómitas en las montañas y el apego de los nativos a sus ídolos (poblada por unas tribus bastante violentas y peligrosas), había sido postergada por el arzobispado de Manila.
“El padre Blas Palomino era ya sacerdote cuando pasó por estas tierras, y a mi parecer de edad de cuarenta años poco más o menos. Y que llegados que fuimos a dicha provincia de Filipinas, el dicho padre aprendió la lengua de los naturales, que llaman Tagala, y en ella administró por muchos años los Santos Sacramentos a aquellos nuevos cristianos, con grandísimo ejemplo de todos, y mucho fruto que hacía en las almas (…)” (Francisco Gálvez)

En 1609, misioneros franciscanos encabezados por fray Blas Palomino cruzaron la Sierra Madre en Filipinas y fundaron Baler y Casiguran, más al norte. El grupo de misioneros franciscanos llego a Baler el 30 de junio de 1609, fecha de fundación de la ciudad. Ese año, los franciscanos constituyeron en Baler un barangay, equivalente a una capellanía, barrio o distrito, con lo que se convirtió en la primera población con una administración oficial establecida en la Contracosta. En 1611, se construyó la primera iglesia de la pequeña población de Baler. (Iglesia donde resistieron los “últimos de Filipinas”.)


“La zona de la Contracosta por ser un terreno montañoso, exigió mucho espíritu de sacrificio para su evangelización y organización cristiana. Su acción apostólica fue ayudada por una larga serie de “enfermerías” y la creación de escuelas primarias. Se escribieron diccionarios y gramática, catecismos, devocionarios y otros libros de piedad para la región. Sin duda fue rápida la conquista espiritual de otras partes de la isla de Luzón, pues la estadística de 1624, arroja un total de 61,300 bautizados,… pero quedaban en la montaña y bosques impenetrables multitud de nativos sin civilizar, entre los que citamos a los negritos o aetas, que se acogieron a lo mas intrincado…” (Tomado de: Filipinas, V. Historia de la Iglesia, Abad Pérez. A. Ediciones Rialp S. A.)


“Tuvo este dicho Padre grandísimos deseos de pasar a Japón, y lo pidió diversas veces con deseos fervorosísimos del martirio, y de ocuparse mejor de predicar, y convertir almas, a que era notablemente inclinado; y viendo que no podía alcanzar ir al Japón, y que la provincia enviaba Religiosos a otra nueva conversión del Reino de Macasar, que es trescientas leguas mas allá del Maluco, en la isla que llaman de Mateo, pidió con grande instancia le señalasen  en el número de los que habían de ir allá, lo cual hizo el Prelado por la satisfacción que el Obispo le tenía ya en la provincia de su mucho espíritu, y celo de la salvación de las almas.” (Francisco de Bilches).



Después de los trabajos y esfuerzos que supusieron realizar la predicación de la zona de la Contracosta, con la creación de Baler, la campaña de predicación más dura aun fue el desplazamiento de fray Blas Palomino y otros religiosos hacia el sur a las islas Molucas; para abordar este segundo viaje pongamos luz a los antecedentes históricos de los hechos:
“Determinó nuestro Comisario de que nos fuéramos el Padre fray Blas, y yo (Francisco Gálvez) a Maluco, y que desde allí fuese yo a Manila a llevar la respuesta de la embajada al Gobernador, y dar parte al Provincial de lo que pasaba, y que el Padre fray Blas se quedase allí en Maluco, para ser superior de un Convento nuevo, que había en la
Isla de Tidore, que es en el mismo Maluco, junto a la isla de Terrenate.” Fray Blas Palomino fue Prior o Superior de este nuevo convento en  Maluco.



Trascribo a continuación un texto relacionado con su viaje en 1619 a las islas Molucas donde tras un año de predicación encontró la muerte en 1620.

Este texto original da buena cuenta de todo ello:

“Con ellos nos embarcamos en dos galeotas Portuguesas, que iban a Maluco, y cada uno en la suya comenzamos a navegar, y hacer nuestro viaje, el cual fue tan trabajoso de tormentas, y peligros de enemigos, y vientos contrarios, que nunca tal se ha visto; porque en viaje donde se acostumbra tardar, cuando mucho, veinte días, estuvimos mas de sesenta y tantos, y por cuatro veces nos encontramos con enemigos, y peleamos con ellos. Finalmente llegando a la contracosta de Manados, tuvimos tan recio viento contrario por la proa, por mas de diez días, que saliendo por dos, o tres veces a atravesar el golfo que hay de allí al Maluco, que son cosa de cincuenta leguas, volvimos a arribar donde habíamos salido, y viéndonos ya necesitados de agua y provisión de alimentos, nos llegamos a una isla pequeña, que está pegada a la misma Isla de Macasar, cosa de tres , o cuatro leguas antes de llegar a los volcanes, que llaman de Manados.” (Texto tomado de: Francisco de Bilches, Santos y santuarios del obispado de Jaén y Baeza, año 1653.)

Sobre los últimos días de la vida de Fray Blas Palomino se dice en el libro:
“Y habiendo tomado agua, y en dos días no haber visto gente. Otro día de mañana vieron desde la galeota donde iba el Padre fray Blas, unas banderillas blancas puestas en unos palos en la playa. Desde nuestra galeota no las vimos, ni la gente que después vieron de la otra, porque habíamos surgido mas de media legua desviados. El Padre fray Blas pidió  al Capitán fuesen con la chalupa a ver que gente era, y si traían algún refresco, lo cual se hizo yendo algunos marineros, y soldados, y en su compañía el dicho Padre fray Blas. Llegaron cerca de tierra, y vieron ser gente desnuda, algo blancos, cabellos largos como mujeres, que

es por la mayor parte el uso de aquella tierra. Habláronles por un intérprete, y después de muchas demandas, y respuestas, les pidieron viniesen al navío un par de ellos, y que les regalarían, y ellos vinieron en ello (estuvieron de acuerdo) con que se quedasen otros dos de los nuestros en tierra de ellos. Hízose así, y traídos al navío les dieron de comer, y de beber muy bien, y el Padre fray Blas (Página 221) les dio muchas cosas que traía de Macasar, y ellos apetecían. Dijeron que eran de unos pueblos que había allí cerca, que estaban cerca del Reino de Manados, donde habíamos estado primero, y que abría de allí a Manados, por tierra cosa de catorce leguas no mas. Con ello se fueron, y los echaron a tierra, y volvieron a coger los nuestros. Quedo de concierto, que otro día habían de volver, y traer refresco. A todo esto en nuestra galeota no sabíamos nada, y otro día de mañana al amanecer, se embarco el Padre fray Blas, y con alguna gente vino, a nuestra galeota a darnos parte, y comunicar lo que les había pasado el día de antes, y en particular me dijo , que era aquella muy buena ocasión para volver a entrar en Manados, que pensaba, si hallaba ocasión, quedarse allí, y de allí atravesar a Manados, a ver si podía reducir a aquella gente, que los traía atravesados el corazón, por ser gente afable, y de buenos naturales para Cristianos, y muchos de ellos lo querían ser, y quedaron muy pesarosos de que se fuesen los padres. Con ello hablamos al Capitán de nuestra galeota, para que continuase, que fuese nuestra barca también en compañía de la suya, con algunos soldados y vino en ello (accedió).
Fuimos, entramos cada uno en su barco, y primero fuimos a la galeota del Padre fray Blas a pedir licencia al Capitán para ir donde habían hablado el día antes aquella gente, y él la dio, aunque con harta dificultad, temiéndose nos sucediese alguna desgracia, porque era hombre muy cursado en aquella tierra, y conocía toda aquella gente ser Moros, y muy traidores. Mas por las persuasiones del Padre fray Blas dio licencia, advirtiendo del orden que se había de  tener y enviando gente de guarda. Llegados que fuimos al puerto, nos salieron a recibir algunos de aquellos Indios, y el Padre fray Blas los llamo, y dijo le sacasen del barco, como lo hicieron, en hombros. Fueron saliendo las demás
gentes, que sólo quedaron cuatro hombres en cada barco. El bendito Padre los comenzó a abrazar, y se sentó a la sombra de un árbol con algunos de ellos, y el intérprete, que era portugués, a tratar (hablar) lo que llevaba pensado. En este tiempo yo me puse a hablar con los demás, que por allí estaban divididos, y apartados en corrillos, y pregúnteles si traían algún refresco, me dijeron que si, y que lo tenían allí dentro en el Monte, que no lo podían traer a cuestas, que entrásemos por ello, de que yo no lo colegí bien (no estaba de acuerdo), y entrando mas adentro vi, detrás de unos árboles muchas lanzas, y adargas juntas, y amontonadas como escondidas. Y haciendo como que no había visto nada, me volví a salir disimuladamente, y llegue al Padre fray Blas, y le dije lo que había visto, y lo que decía aquella gente del refresco, y respondió que no, que era muy buena gente, y que si traían algo, y con ello se volvió a hablar con ellos, y yo me desvié cosa de doce o catorce pasos, y mirando hacia los barcos vi a los de la guardia tomar a prisa los arcabuces, y decir a voces, ¡Traición, Traición!, y volviendo a mirar atrás, vi ya atravesado por una lanza al bendito Padre fray Blas, y con otra al interprete portugués. Y que dos o tres soldados que se hallaron cerca no disparaban sus arcabuces, y echaron mano a las espadas, con que ellos temieron, y huyeron, y no nos alancearan a todos. Retiramos luego al Padre fray Blas, que murió en mis manos dentro de un cuarto de hora, y el otro cuerpo no pudimos retirar, temiendo nos cercasen las embarcaciones. Llevamos al Padre fray Blas a su galeota, y yo estuve con él toda aquella noche, y por la mañana vino la gente de otra galeota, y le llevamos a enterrar todos juntos a una isleta pequeña, que estaba allí junto, lo cual se hizo con la mayor solemnidad que se pudo, porque yo llevaba sobrepelliz, y estola, y sus velas todos los Portugueses. Dejamos marcada la sepultura, para en otra ocasión volver por su cuerpo, como se hizo dentro de seis meses, y se llevo a Maluco, donde está colocado en una caja en la iglesia de nuestro Convento de san Antonio, como un santo Mártir, y así lo escribe el Padre Custodio fray Marcos de Lisboa para el Capítulo General de la Orden Franciscana, poniéndole y nombrándole entre el número de los Mártires que había habido en aquella santa Provincia, y con mucha razón, pues además de haber ido de España dedicado para la conversión, fue allá escogido para enviar a predicar el santo Evangelio a las tierras de Moros, y Gentiles arriba dichas. Y en esta demanda murió alanceado por los Moros de aquella tierra. Y además de esto, que como arriba he dicho, su intento principal de salir aquella ocasión, fue con el deseo de convertirlos, y ver si podía quedar allí para pasar al Reino de Manados, donde primero había estado, todo con el fin de ganar aquellas almas, como él me comunicó antes. Además de esto, el día antes tuvo tan grandes impulsos, y deseos de decir Misa, que me pidió muy encarecidamente la dijésemos. Y pareciéndome, que la mar andaba muy alterada, y que era cosa peligrosa, como a la verdad lo era, no me pareció venir en ello. Mas el bendito religioso hizo tanta  instancia, cosa que jamás había hecho en todo el viaje, que le dije, la dijese muy en buena hora, que yo le tendría el Cáliz, y ayudaría. El se confeso luego, y preparó muy devotamente, y la dijo, aunque con harta dificultad, por la inquietud grande del mar. Que parece sentía ya en su alma algunas premisas de muerte, y buena suerte , que el Señor le tenía guardada, la cual aunque no cabe debajo de merecimiento, supo granjearla, y si decirse puede, merecerla, con su santa vida. Lo firmo en este Convento de nuestro Padre san Francisco de Madrid a dos de julio de mil y seiscientos y veinte y siete, Fray Pedro de la Concepción.

Esta certificación del muy Reverendo Padre fray Pedro de la Concepción coincide con una patente que dio el Padre fray Pedro Bautista Comisario de esta sagrada Religión en Filipinas, y juntamente con una información jurídica, que hizo de este suceso el Doctor don Diego Lorenzo, Canónigo de la Catedral de Malaca, y Vicario de la Cristiandad del puerto de Macasar, por comisión de los Gobernadores del Obispado de Malaca, Francisco Suárez, Tesorero, y Lorenzo de Acosta, Vicario, en que deponen (testifican) los soldados, que acompañaron al santo fray Blas, ante Juan Rodríguez escribano. Y puesto que ambos instrumentos sean de mucha autoridad, no los trasladó aquí, porque en instancia son una misma cosa, con lo que testifica el Padre fray Pedro de la Concepción. En vez de todo añadiré una
cláusula del Martirologio Franciscano, donde se hace celebre conmemoración de este martirio, así:

 Beatus Blasius Palomino Martyr Provincia Granatensis fuit alumnus. Qui mare trayciens, ut illis efferatis gentibus Evangely lucem difunderet, apud insulanos Malucenses neeatus est  anno millésimo sexcentésimo vigésimo. De eius canonizatione agitur: ad cuius procesus conficiendos litera petuntur Apostolica, uti constat ex libello Neapoli edito anno millesimo sexcentesimo vigesimo sexto, apud Typographian Ioannis Dominies Roncalioli, Rapineo bistor, general origin recoleos, p.i.pref. 4 Gauiana p.I.cap.24.

“El beato fray Blas Palomino, que fue estudiante de la provincia de Granada. Quien cruzó el mar para anunciar a los pueblos la luz del evangelio, fue matado (martirizado) por los isleños malucenses (islas Molucas) en el año mil seiscientos veinte.  Es esta causa suficiente para su canonización, así consta en el documento editado en Nápoles, en el año mil seiscientos veintiséis,  en la imprenta del Juan  Domingo Rocalioli,  visto bueno de Rapineo, general de la Orden de hermanos menores recoletos (recoleos), p.i.pref. 4 Gauiana p.I.cap.24. Fue su glorioso triunfo a diez de marzo del año mil y seiscientos y veinte.”

Fray Blas Palomino murió el 10 de marzo de 1620, murió mártir en la isla de Manados y seis meses después fue recuperado el cuerpo y esta enterrado en la iglesia del convento de San Antonio en la isla de Maluco, posiblemente la iglesia del convento nuevo del que fue prior durante algún tiempo.

Analizados los documentos podemos hasta llegar a pensar que es posible que tengamos un santo higuereño y estar todos ajenos a tal realidad, después de haber pasado ya casi cuatrocientos años.

Por lo escrito en el libro del Padre Francisco de Bilches, junto con los testimonios citados más arriba (Padre Custodio fray Marcos de Lisboa y Reverendo Padre fray
Pedro de la Concepción), me hace pensar que incluso se inicio el proceso de canonización del beato Fray Blas Palomino. Sería preciso revisar los datos disponibles y buscar lo necesario para conocer la consideración que a nivel de reconocimiento eclesial pueda tener la vida, obras y martirio de Fray Blas Palomino natural de Higuera de Andujar, nacido en 1570 y  que tuvo su gloriosa muerte el diez de marzo del año mil seiscientos veinte. En su tiempo nuestro paisano tuvo fama de Santo.

Decía Francisco García Pavón, escritor de Tomelloso, que "no hay tierra buena ni mala, no hay más que la de uno". La nuestra no es mejor ni peor que otras pero sí tiene algo que la hace inconfundiblemente peculiar: “es la nuestra”. Y tenemos que estar orgullosos de ella como lo estuvieron los que en épocas pasadas la consideraron como suya. Los que hace más de 5.500 años establecieron su hábitat en lo que llamamos El yacimiento del Neolítico de Los Pozos, primer vestigio documentado de ocupación de estas tierras. Pero Lahiguera esta llena de yacimientos iberos, y romanos que habitaron aquí en la época de dominación romana, durante más de 500 año, como lo muestran las siguientes localizaciones: La cruz de la tía Luisa en los Colorines, (yacimiento romano entre los dos arroyos), Los Pollos  y la Dehesa, romanos, La Guacha, romano, otros yacimientos romanos en Las Garlochas y los Artesones, otro en el arroyo del Tesoro, en la Atarayuela, en el Fontanal, el Turriaque, en el Madero, en el cortijo Donadío en linde con Fuerte del Rey. Los yacimientos romanos de la Cruz Verde y Las  Monjas, el Cortijo de Cajeros, en el de la Bobadilla, etc.

También lo estuvieron, visigodos de La Figueruela y estoy seguro y en mis escritos he dado referencia de estos asentamientos, que en época de dominación musulmana en los siglos XI , XII y XIII ocuparon los alrededores de Corbún, Las Cuevas y Los Pozos en la época que fue llamada Higueruela, los que en la posterior Reconquista castellana, mediante repoblaciones, empezaron a dar forma de pueblo a La Fuente de la Figuera y a lo que en la actualidad conocemos como Lahiguera, alrededor de la
pequeña iglesia mudéjar, (piedra labrada) y posteriormente en la iglesia de arriba construida por la orden de Calatrava y la Tercia. Ahí está enterrada la historia de nuestro pueblo sobre todo desde que en la Reconquista castellana de Fernando III el Santo se configuró como aldea.

Pido a nuestro patrono San Juan Bautista su protección y su bendición para todos, en la seguridad de que un año más le vais a honrar como sabéis hacerlo, como siempre lo hacéis.
Gocemos pues los días de San Juan, que alegra y regula el magnífico programa de fiestas preparado por el Ayuntamiento.

Con estas palabras, sencillas, pero sinceras, salidas de lo más hondo de mi corazón, he querido cantar a mi pueblo. No podré olvidar nunca este momento. Gracias, señores munícipes. Gracias higuereños e higuereñas  por vuestro tiempo y atenta escucha.

Solo me queda desearos ¡Felices fiestas a todos! Y gritar con vosotros:
¡VIVA LAHIGUERA!, ¡VIVA SAN JUAN! y ¡VIVA EL BEATO FRAY BLAS PALOMINO!




Lahiguera 20 de Junio del año 2014.Pregonero Pedro Galán Galán.