PROLOGO

Se pretende que sea éste un espacio dedicado a entretener y deleitar (... a través de la fotografía fundamentalmente) ... a dar a conocer (...o traer al recuerdo) ciertos monumentos o espacios situados en el término o cercanías de Lahiguera. ...a llamar la atención por el estado de abandono y deterioro de muchos de ellos, ...y si llegara el caso, a remover la conciencia de todos los que somos "herederos" de tales monumentos y espacios, y que con nuestra aportación ayudásemos a la conservación de los mismos.

domingo, 25 de mayo de 2014

Nocturnas en El Peñón.

Nocturneando por la cortijada de El Peñón:

Fotografías realizadas el 7 de marzo del 2014.



Juan José Mercado Gavilán
Lahiguera, a 25 de mayo del 2014.

lunes, 19 de mayo de 2014

ENTORNO DEL CORTIJO DE SAN JOSE.

Entorno del Cortijo de San José,  "El cortijillo":


He de aclarar que "El cortijillo" era el nombre que le daban sus más recientes dueños cuando lo habitaron hace tan sólo unas décadas.

Aunque este cortijo ya se ha mencionado en otra de las publicaciones de este Blog, trato de mostrar algunas imágenes más recientes, que por un lado manifiestan la belleza de su entorno, y que por otro, sin embargo, nos muestran la cara más triste de la evolución de esta edificación ... hacia su deterioro.


Cae la tarde:  el sol peinando el cereal con sus último rayos.

Cerro de Corbunillo asomando sobre la plantación de trigal.




Algunos almendros quedan todavía a su alrededor...

...también eucaliptos, que con tanto cariño plantaron los que lo habitaron.


Ahora las imágenes del cortijo realizadas tan sólo hace unos pocos días. Al margen de las continuadas "invasiones" recibidas, una parte de su tejado se ha derrumbado. Por desgracia, comienza su paulatina destrucción.



Imágenes desde el camino de acceso a este cortijo, que toma su inicio en el antiguo "camino Jaén".



Enlace de video sobrevolando este entorno:


Vuelo Camara en Pie 16/4/2013. from kunkache on Vimeo.



Juan José Mercado Gavilán.
Lahiguera a 19/05/2014.




viernes, 16 de mayo de 2014

OTROS ENCLAVES DE INTERÉS ARQUEOLÓGICO EN POBLACIONES Y LUGARES PRÓXIMOS A LAHIGUERA.

HAY IMPORTANTES ENCLAVES DE INTERÉS ARQUEOLÓGICO EN POBLACIONES DE LA CAMPIÑA ALTA, LUGARES MUY PRÓXIMOS A LAHIGUERA.

De la época medieval encontramos, también en las cercanías de Lahiguera, numerosos vestigios en forma de torres defensivas o de comunicación. En la mayoría de los casos estas torres se concentran en el triangulo formado por las localidades de Torredonjimeno, Torredelcampo y El Berrueco. En el enclave el Cerro Villagordo, en las proximidades de El Berrueco, una excavación reciente ha permitido obtener información relevante sobre el asentamiento de un oppidum en este lugar. Con funciones simbólico-funerarias está la Cista de Villagordo en el Museo Arqueológico de Jaén, la cual lleva encima una cabeza de lobo, mientras sus patas delanteras sujetan las aristas de la tapa.
Cista de Villagordo. Un arca funeraria con imagen en la tapa del lobo tan característico de la cultura ibera.
 Localización de yacimientos jiennenses a los que hago referencia en el artículo.

En todos los casos se trata de torres de distintas épocas, construidas en muchos casos por los musulmanes (siempre se escuchaba a los mayores nombrarlas como torres moras) y en otros casos son torres construidas por los cristianos, con el mismo objetivo de defensa y comunicación en las múltiples décadas, en que todo este terreno sufrió incontables ataques de los musulmanes del reino nazarí y viceversa de los conquistadores castellanos, a lo largo del tiempo que fue territorio de frontera.

 
Poblaciones próximas a Lahiguera, referidas por sus yacimientos arqueológicos.

 Oppidum, Castillo y fortaleza medieval del Berrueco y Torre Olvidada (ejemplo de torre de vigilancia).


La importancia arqueológica de esta parte de La Campiña del Alto Guadalquivir, se constata cuando comprobamos que en las poblaciones de los alrededores de Lahiguera, encontramos también importantes vestigios históricos y arqueológicos, que dan buena muestra de la importancia que debió alcanzar todo este territorio, que actualmente comprenden varias poblaciones de la Comarca de la Campiña Alta de Jaén, durante el largo recorrido histórico que se inicia en épocas protohistóricas y llega hasta las épocas más modernas.


https://wwwhttps://www.youtube.com/watch?v=1b1FC8mc4Ug

Por su importancia no debemos dejar de citar la villa de Porcuna, que desde su antigüedad se erige como uno de los enclaves arqueológicos más reseñables de toda la comarca de la Campiña del Alto Guadalquivir de Jaén.
También se ha constatado una necrópolis ibérica superpuesta a la anterior, fechada esta entre los siglos IV y  II antes de Cristo.

 



Las excavaciones que se han venido realizando en los últimos años han ido permitiendo descubrir todo un interesante complejo urbano de la época romana, superpuesto a otro nivel a otros yacimientos de culturas indígenas anteriores.

Apareció una necrópolis ubicada en lo alto de un cerro conocido como Cerro Blanco. La necrópolis de Cerrillo Blanco es hasta el momento el conjunto escultórico ibérico más importante de los conocidos en La Campiña, un conjunto destruido poco tiempo después de llevarse a cabo y enterrado en unos 1400 fragmentos en zanjas cubiertas con grandes losas. En la actualidad, la mayor parte de todo este conjunto escultórico, puede apreciarse y estudiarse en el Museo Provincial de Jaén.
Ubicación de yacimientos arqueológicos en Porcuna.

  Conjunto escultórico Iberico encontrado en Cerrillo Blanco de Porcuna y que se puede contemplar en el Museo de Arte Ibérico de Jaén

La necrópolis del Cerrillo Blanco es un complejo túmulo funerario de ciertas características orientalizantes, datado en el siglo VII antes de Cristo que consta de veinticuatro sepulturas individuales en fosa y una megalítica (González y otros, 1980: 183-218). (1).
 
En Cerrillo Blanco de Porcuna, en el mismo lugar donde en la segunda mitad del s. V antes de nuestra era (a.n.e.) se construyó y posteriormente se destruyó y enterró, el monumento ibero más importante de los conocidos hasta ahora, se localiza un túmulo funerario. La estructura tenía diecinueve metros de diámetro y estaba delimitado por lajas de piedra. Encerraba el túmulo un total de veinticuatro tumbas de fosa y una de cámara de planta poligonal. Todas seguían el rito de la inhumación y eran individuales, salvo la cámara que tenía un enterramiento doble: un hombre y una mujer. Se podía analizar una distribución de los enterramientos según el género como ya se había constatado en el túmulo A de Setefilla. Sin embargo en Cerrillo Blanco la cámara formaba parte del proyecto constructivo inicial, es decir, el enterramiento doble no se impuso sobre el túmulo destruyendo parte de las tumbas de la necrópolis de base porque, desde un primer momento, se reservó un espacio excéntrico del círculo para ubicar en él la cámara y se marcó un espacio de respeto en torno a ella en el que no se excavó ninguna tumba. Es posible incluso que fueran los enterrados en la cámara los que inauguraron el espacio fúnebre. El túmulo reúne muchos de los ingredientes que serán moneda común en la emergencia de las aristocracias ibéricas. El primer factor a valorar lo constituye el enterramiento de una pareja (hombre-mujer) en la cámara, lo que no deja lugar a dudas del papel que está cobrando el linaje en el seno de la nueva sociedad ibera, pero sobre todo que el hacer visible la estructura de parentesco a través de la aparición de la pareja de antepasados, pretende ordenar el espacio funerario. Se hace patente la oposición entre lo representado por el grupo de tumbas individuales, donde la legitimación del linaje descansaría en el conjunto de mujeres, y la asociación cámara-pareja que también reclama la legitimación del linaje. A mediados del siglo V antes de nuestra era (a.n.e.) la recuperación del espacio funerario del túmulo para cuidadosamente enterrar un conjunto de esculturas, que representa la historia del linaje, confirma el éxito del segundo de los modelos expuestos, porque confirma el tiempo largo que el lugar tendrá para la historia funeraria del grupo. En todo caso, es este el primer capítulo, si se quiere la introducción a lo que fue la sociedad aristocrática ibera de la Alta Andalucía, una historia de largo recorrido, más largo cuanto mejoren la legitimación de un linaje. Es difícil pensar que el aristócrata-oligarca enterrado ocho siglos después en Los Robles conociera la larga genealogía que había definido las relaciones sociales, en el tiempo y el espacio; pero de lo que no cabe duda es que cuando creó la necrópolis en su propiedad, en el centro mismo de la tierra, estaba pensando en tiempo largo, igual que sucedía en Piquía. Es posible que sus comportamientos y actitudes públicas fueran básicamente romanos, pero también que en el ámbito privado y en sus relaciones con “su casa”, es decir con sus clientes y con el verdadero poder, el que reside en la tierra, su pensamiento y desde luego su modo de vida, continuara siendo el de un ibero. (Molinos, M. 2012 pp. 42-43) (2)

Mediante Resolución de 12 de julio de 2013, la Dirección General de Bienes Culturales e Instituciones Museísticas publicaba el 26 de julio de 2013, Boja Nº 146 pp. 46-51, se incoaba la Inscripción en el Catalogo general del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural la Zona Arqueológica de los Yacimientos del Término Municipal de Porcuna.

Muy cerca de Porcuna se localiza otra interesante “turris” en el paraje llamado Huerta del Comendador. Este yacimiento ha sido excavado recientemente.

Torre y Pilar de la Huerta del Comendador de Porcuna, Bien de Interés Cultural de Andalucia.

Fotos antiguas del Pilar de la Huerta del Comendador de Porcuna.

También cerca de Jaén en el paraje llamado Puente Tablas se han localizado más enclaves ibéricos. El asentamiento se ubicaba originalmente en dos cerros que fueron rodeados por una potente muralla de trazado irregular, lo que provocó la colmatación del espacio entre ambas cotas, formando así una meseta aplanada de unas 6 hectáreas de superficie y 430 m de cota máxima. Es un oppidum de tamaño medio respecto a otros que se han documentado, y que datan de la misma época, y su cronología abarca desde inicios del primer milenio a.C. hasta finales del siglo III a. C., con un momento de abandono intermedio a mediados del siglo IV a. C. y con un breve lapso de ocupación en época islámica. La excavación del asentamiento se ha ido sucediendo desde las campañas realizadas en la década de 1970 por Juan Maluquer de Motes y a mediados de la década de 1980 por el equipo de arqueología de la Universidad de Jaén, permitiendo grandes avances en la investigación y el conocimiento del poblamiento ibérico en la Alta Andalucía.


Enclave Ibérico de Puente Tablas. Vista aérea del yacimiento.

El yacimiento ibero de Puente Tablas (Jaén), es uno de los principales de la época existentes en la comunidad andaluza, el palacio de la ciudad ibérica de Puente Tablas se ha convertido en el primer palacio ibero excavado en Andalucía. Se trataba de un edificio de unos 400 metros cuadrados, con una planta en forma de ele, dividido en cuatro partes, y con una zona con un patio central que distribuye varias habitaciones alrededor. Una de las partes de edificio era la pública, donde el aristócrata recibía a sus clientes, y otra era la privada, "la de la mujer y de la familia", que tuvo además una segunda planta. Además, había una zona de culto, con un pequeño santuario y una zona de producción de aceite o vino. Según la fuente, no se han encontrado muchos materiales pero sí elementos arquitectónicos muy importantes, que permiten saber que el agua del patio se sacaba del edificio a través de un canal. Uno de los elementos que más ha sorprendido es un patio de columnas con la base de piedra y el resto de madera, y se han encontrado revoco de paredes pintadas en estuco rojo. Desde que fuera descubierto a principios de los años setenta, el yacimiento de Puente Tablas, integrado en la Red de Espacios Culturales de Andalucía (RECA) junto a los enclaves jienenses de La Villa Romana de Bruñel y Cástulo, ha sido objeto de diversas campañas de excavación, las cuales han puesto al descubierto más de 6.500 metros cuadrados de restos arqueológicos. Estos restos se remontan a la Edad del Bronce, aunque no fue hasta el siglo VII antes de Cristo cuando se construye una potente fortificación y se dispuso la urbanización del poblado, que se mantuvo en los siglos siguientes pasando las casas de planta circular a ser cuadradas y pavimentadas. Se trata de un asentamiento de tipo medio, del siglo IV antes de Cristo en el que pudieron vivir unos 743 habitantes y que se encuentra en el término municipal de Jaén, al noreste de la ciudad, a unos 7 kilómetros de distancia, y en él se conservan restos desde la Edad del Bronce hasta la época islámica.
 
Excavación del Palacio del Príncipe Ibero de Puente Tablas.
Enterramiento del Príncipe Ibero en Puente Tablas.

En Menjibar se encuentra el “oppidum” del Cerro Maquiz, donde se ha considerado ubicada por algunos especialistas la población ibérica de Iliturgi. La ciudad ibero-romana de Iliturgi, localizada en Cerro Maquiz (Mengíbar), destaca entre los yacimientos arqueológicos más importantes de época ibérica en todo el territorio nacional. Así lo demuestra el hecho de que haya 3 vitrinas con las piezas más representativas y conocidas en distintas salas de arqueología ibérica en el Museo Arqueológico Nacional, recientemente abierto al público tras varios años cerrado por importantes reformas tanto constructivas como museográficas.
Así, junto al mayor icono de la arqueología ibérica, la “Dama de Elche”, podemos contemplar los famosos “Bronces de Maquiz” (los otros dos restantes se conservan en la Real Academia de la Historia, también en Madrid). Además, y como novedad en el remodelado Museo Arqueológico Nacional, también se puede contemplar junto a los Bronces el cinturón que apareció en Mengíbar hace 154 años junto a ellos, y que hasta ahora nunca había estado expuesto.
Además, el Patrimonio Arqueológico de Mengíbar también está representado por el conocido como “Tesorillo de Mengíbar”, que en esta ocasión únicamente se exponen 4 objetos de plata (recordar que el conjunto completo son unas 17 piezas, todas ellas de plata y de una manufactura excelente).
También de época ibérica es una “espada de antenas” (no confundir con la famosa “Espada de Mengíbar” de la Edad del Bronce, que desgraciadamente, se encuentra en paradero desconocido).
Por último, aunque de una época anterior y, por tanto, en las Salas de Prehistoria, concretamente en la Sala de la Edad del Bronce, también encontramos en el Museo otra pieza atribuida a Mengíbar, el famoso brazalete con espirales colgantes, todo ello de oro.

 


Las cuatro cabezas ibéricas de bronce de Cerro Maquiz, encontradas en 1860 en Mengíbar, Jaén, se expusieron, en el Museo Provincial de la capital jienense.
El conjunto de bronces, encontrados de forma casual por dos labradores, llegaron a Jaén desde el Museo Arqueológico Nacional, donde se encuentran dos de ellas, y desde la Real Academia de la Historia, donde están las otras dos desde 1861.
Estas últimas no han sido expuestas públicamente nunca y sólo han estado accesibles para investigadores y especialistas con autorizaciones especiales, mientras que las otras dos estuvieron en la Exposición Internacional de París de 1867 y en el Pabellón de Arte Español de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929.
El conjunto histórico no tiene una cronología definida al no estar contextualizado su hallazgo, sin embargo, según los estudios recogidos por la Asociación Amigos de los Iberos, formó parte del ajuar de una sepultura principesca, y debieron reforzar los timones centrales de un carro, uso éste que en el ritual funerario ibero está vinculado a los más altos niveles sociales. Una de las piezas presenta un apéndice de un asa circular que se interpreta como pasarriendas para amarrar los animales de tiro al asta del carro. Los bronces están rematados con la cabeza de un lobo, animal relacionado al ritual funerario y recuerdan al bronce recientemente encontrado en la necrópolis de Piquía, en Arjona, que representa la cabeza de un guerrero devorada por un posible lobo, que pertenecía a un carro principesco localizado en una tumba del siglo I antes de Cristo y que también se une a este espacio dedicado del museo.





A poca distancia de Menjibar en nuestra vecina Cazalilla se encuentra el yacimiento arqueológico de La Coronilla. Estos restos de Cazalilla están ubicados en el Cortijo de la Atalaya Alta en el referido término municipal. Este yacimiento presenta niveles prehistóricos e íberos, que han sido sólo excavados en parte recientemente (Salvatierra, 1995:217). (3). Otros “oppida” situados en las cercanías de Lahiguera, podemos encontrarlos el Los Villares de Andujar o las Atalayuelas.

En la vecina localidad de Fuerte del Rey se ubica el yacimiento del cerro del Espino con una “turris” íbero-romana. Tan sólo a unos pocos kilómetros más al sur, cerca de la carretera que une la aldea de Garcíez con Torredelcampo se encuentran, al pie de un promontorio rocoso, los restos de un pequeño aljibe romano, construido con “opus cementicium” (Salvatierra, 1995: 217). (3). Otro enclave de la época romana lo encontramos en Torredelcampo, en el paraje denominado Cerro Miguelito, donde se ubican los restos de la muralla romana superpuesta a otra muralla más antigua del preexistente “oppidum” ibérico (Salvatierra; 1995:217). (3)

En la excavación realizada en la necrópolis de la Cuesta del Parral, en la vecina localidad de Arjona, aparecieron cráteras áticas, recipientes de cerámica tardía, un carro funerario con adornos en bronce e inscripciones íberas forman parte del rico ajuar hallado en la cámara funeraria del príncipe íbero de Arjona, del siglo I a. C., que aporta nuevos datos sobre la pervivencia de la cultura íbera en época romana. Alrededor de la cámara funeraria, que es de mampostería con grandes sillares y planta rectangular, y que estuvo semienterrada, se encuentran casi una treintena de tumbas separadas por la llamada zona de "respeto", según el arqueólogo, Francisco Gómez. Al interior de la cámara funeraria se llegaba a través de unos escalones y enfrente se construyó una repisa sobre el suelo enlosado y dos nichos en un lateral a modo de cajas.

Además se ha hallado una zona donde se realizaban los ritos funerarios y la cremación de los cuerpos, y se ha documentado un ritual de libación (ceremonia religiosa que consistía en derramar vino u otro licor después de probarlo) que pone de manifiesto que, "a pesar de la presencia romana, eran íberos y pensaban como íberos", según el director del CCAI, Arturo Ruiz. Aunque lo más importante, además de la edificación de la cámara, es el ajuar encontrado en su interior, "de la riqueza propia de un príncipe y su familia", según Ruiz.

Otro de los hallazgos más sorprendentes es la inscripción en escritura íbera meridional, en la tapadera de una urna de plomo, en la que aparece el que podría ser el nombre incompleto del príncipe allí enterrado junto a su familia: ...ILTIR hijo de EKATERUTU, y es la primera vez que se documenta el nombre de un íbero.

Del conjunto de materiales encontrados destacan siete cráteras áticas (vasijas de gran capacidad para el vino o el agua) de figuras rojas del siglo V antes de Cristo, una de ellas con algo excepcional, una escena dedicada a temas de mujer.

Las cráteras conviven con un ánfora, restos de un gran vaso de vidrio, una espada corta, más de 148 tabas (huesos para juegos o apuestas) y un importante número de cerámica ibérica campanicense pintada.

También se han excavado los restos de un carro funerario de hierro y madera con apliques y adornos de bronce, del que destaca "un hallazgo excepcional": la cabeza de un guerrero ibero que está siendo devorada o vomitada por un animal, seguramente un lobo o un león, que recuerda a piezas existentes en el Museo Arqueológico Nacional procedentes de Cerro Maquiz en Mengíbar (Jaén), hallados en el siglo XIX.
 
Yacimiento de la Cuesta del Parral de Arjona, donde aparecio la Camara funeraria del Príncipe ...Iltir hijo de Ekaterutu. El arqueólogo Francisco Gómez posa junto a la excavación. 
 Recipientes de cerámica aparecida como ajuar funerario de ...Iltir.

La necrópolis de Piquía se localiza a poco más de un kilómetro al norte de la localidad de Arjona, un municipio de la campiña de Jaén (que desde siempre fue el referente de nuestros antepasados higuereños, hasta que comenzó a tomar creciente importancia la villa de Andújar en época medieval), en un contexto muy antropizado desde la antigüedad, donde el olivar intensivo ha sustituido a prácticas agrícolas más tradicionales como el cultivo del cereal. En la ciudad se han realizado numerosas intervenciones arqueológicas, que han dibujado una secuencia que se inicia en la prehistoria reciente y continúa hasta la actualidad salvo un importante transcurso entre el ibérico antiguo y época ibera tardía. Efectivamente las excavaciones no han documentado en ningún momento restos correspondientes a las fases plenas, lo que podría vincularse a la intensiva y continuada ocupación del casco urbano, aunque más probablemente, como sugiere la secuencia de las intervenciones arqueológicas preventivas realizadas en los últimos años, esta ocupación no tuvo lugar, lo que se convierte en un dato clave en la interpretación de la necrópolis de Piquía. La secuencia de la ciudad vuelve a reiniciarse a partir del s. II antes de nuestra era y alcanza gran desarrollo a partir de la mitad del s. I a.n.e. o antes de Cristo.


Tradicionalmente se ha vinculado con la antigua Urgao Alba de Plinio, así parecen confirmarlo los restos epigráficos, y para la ciudad se ha indicado un temprano estatuto privilegiado que se iniciaría con César. La intervención arqueológica en Piquía ha sacado a la luz una necrópolis tardía que se inicia en un momento quizás avanzado del siglo I a.n.e. aunque este extremo deberá ser confirmado con estudios posteriores. Se intervinieron más de veinte complejos funerarios destacando entre estos algunas sepulturas de cámara o incluso dos columbarios muy afectados por las riadas, también hasta quince cistas y algunas sepulturas en simple fosa, así como una sepultura infantil, en este caso de inhumación,  para cuya construcción se recortó una tégula, la única localizada en la excavación. Salvo este último caso, todas las sepulturas son de incineración y todo el material se compone urnas y ajuares, a excepción de algunas piezas (ánfora Dressel A1, algún vidrio) son de tipología netamente ibera. Entre las tumbas excavadas destaca una cámara donde se registraron un total de seis enterramientos en urna, algo impensable para épocas ibéricas anteriores, salvo en los niveles que caracterizan la cúspide social, que en sí mismo es un claro exponente de una sociedad donde la pervivencia de las formas culturales ibéricas se encuentran ya hibridadas con la nueva realidad que supuso la conquista romana. Baste como botón de muestra que en un extremo de la necrópolis se identificó un columbario, al menos de dos plantas, donde todos los elementos materiales, urnas incluidas, son de exclusiva tipología ibérica: matriz constructiva romana, matriz ideológica ibera. 
Arqueta funeraria de los Guerreros del yacimiento de la Necrópoli Iberica de Piquía en Arjona.
 
Arqueta funeraria del Príncipe Guerrero Ibero. Siglo I antes de Cristo. Necrópoli Iberica de Piquía en Arjona

Pero por encima de todo en la necrópolis destaca un monumento excepcional, una cámara funeraria, parcialmente expoliada quizás en la propia antigüedad y también parcialmente en época reciente, que presenta una magnífica mampostería de grandes losas de arenisca y caliza, perfectamente escuadradas, con morfología rectangular, presentando un ancho de 1,5 metros y un largo de 2,9 metros. El acceso a la cámara se localiza en su lado oeste, conservándose cuatro peldaños de la escalera que descendía al interior. En el muro del fondo se localiza un bloque de caliza que funciona como plataforma para depositar probablemente parte de las urnas. Al exterior, la cámara está rodeada de un surco perimetral, que dibuja un círculo de 5 metros de radio con una profundidad variable y un ancho bastante uniforme de 70 centímetros, que la aísla del resto de la necrópolis. La sepultura propiamente dicha presenta en su vértice noroeste un orificio desde el cual queda conectada, mediante un canal, con otras estructuras, pequeños hornos, donde se realizaron con toda probabilidad rituales posteriores al enterramiento del personaje allí enterrado, que participó de estos rituales mediante las libaciones que se realizaron en su honor y memoria. Precisamente en la entrada del canal de libación se depositó un ánfora Dressel A1, que muy probablemente recibió en su interior los vertidos en los rituales mencionados. En el fondo de la cámara, en un espacio no enlosado, en una fosa practicada en la misma tierra, que conforma el sustrato natural del lugar, se enterró un carro de madera y hierro con varios apliques de bronce. Destaca el elevado número de piezas cerámicas de tipología ibérica aunque también un gran vaso de vidrio, cuya forma no se puede valorar en este momento, de factura claramente romana. Todo el material, en su tipología cerámica, en las importaciones o en la propia simbología asociada a los elementos del carro, conduce a un momento coherente con el resto de la necrópolis: siglo I a.n.e. quizás avanzando hacia su mitad. Sin embargo en ese mismo contexto se localizan un kilix y un total de siete cráteras áticas de figuras rojas, una de ellas con una cronología, que no avanza más allá de finales del siglo V a.n.e., mientras las otras seis se corresponden muy homogéneamente con la primera mitad del siglo IV a.n.e., y además plantean un programa iconográfico muy coherente.

¿Cómo explicar esta especie de “totum revolutum”, que define un contexto cerrado? No hay ninguna duda, (descartada totalmente una reutilización tardía de una sepultura de época plena ibera cuatro siglos anterior), de que el contexto de la tumba, como el de la propia necrópolis de la que se alza como vértice jerárquico, debe situarse en el siglo I a. C.; pero también que los materiales áticos fueron depositados allí en esa misma cronología. ¿Amortización tardía de material?, ¿expolio de sepulturas anteriores? Desde luego, dada la ausencia de restos arqueológicos correspondientes a época plena en Arjona, las siete cráteras deben proceder de otro asentamiento y, o bien habían sido tesaurizados como bienes de indudable prestigio, lo que parece excesivo en tan dilatada secuencia temporal, o bien fueron extraídos de otro contexto funerario en el momento en que se produce la reocupación del solar de Arjona a lo largo del siglo II a. C. o a.n.e. o incluso con posterioridad. Si es así, los materiales griegos podrían vincularse con una tumba principesca del siglo IV a.n.e. procedente de alguno de los oppida que tras la Segunda Guerra Púnica fueron abandonados o destruidos como consecuencia del conflicto y de los reajustes que la presencia del nuevo conquistador supuso en la zona de la campiña de Jaén. En cualquier caso el hecho mismo de amortizar estos excepcionales materiales en una necrópolis de un sin duda príncipe ibero de Arjona durante el siglo I a.n.e., en una cámara que inaugura y ordena el recinto funerario, debe asociarse a un intento de legitimar una nueva fase en la historia del propio príncipe: la redefinición o quizás la refundación de un nuevo linaje sobre las cenizas de aquellos antepasados, fuesen reales o no. En suma cuando ya la presencia romana iba a cumplir dos siglos se produce un intento de reafirmar, en la muerte, los orígenes ibéricos del linaje. Es una posición que evoca al pasado, seguramente también el presente, principesco del personaje (en este momento no podemos determinar si se trata de un solo individuo o de una pareja) enterrado en la cámara, pero en un contexto en el que se abría paso el mundo de la ciudadanía romana. Un príncipe ibero en la muerte y seguramente en las relaciones clientelares, que con seguridad mantuvo con el resto de los enterrados en la necrópolis, pero que también, con toda probabilidad, como clase propietaria formó parte de la naciente oligarquía de Urgao, si es que así podemos denominarla. Difícil resulta no evocar lo que veíamos en el caso de Los Robles, más de un siglo después. (Molinos, M. 2012. pp.: 34-36). (2)
Cabeza de un guerrero ibero que está siendo devorada por un animal.




Se trata de una cabeza de guerrero ibero que está siendo devorada o vomitada por un animal, seguramente un lobo, que recuerda por sus características las piezas también de carro, existentes en el Museo Arqueológico Nacional, procedentes de Cerro Maquiz en Mengíbar y hallados en el siglo XIX, sin descartar que se trate de un león.

Pinchando en estos enlaces puedes ampliar información referida al yacimiento de la llamada Cámara de Arjona  y los datos sobre este importante resto de la cultura ibero-romana.
http://videos.lainformacion.com/arte-cultura-y-espectaculos/artes-general/la-camara-de-arjona-aporta-nuevos-datos-sobre-la-relacion-ibero-romana_JvPO2kr9b0mZznqJoGhJQ3/


Granada 15 de Mayo de 2014.
Pedro Galán Galán.
Bibliografía:

(1) González, J. y otros (1980): “La necrópolis de Cerrillo Blanco y el poblado de los Alcores (Porcuna, Jaén)”, Noticiario Arqueológico Hispánico, 10:183-218.


(2) Molinos, M. 2012: En la vida y en la muerte: Las necrópolis ibéricas de la Alta Andalucía. 34-36 y 42-43. En González Reyero, S. Íberos: sociedades y territorios de occidente mediterráneo. CSIC. Madrid. 

(3) Salvatierra Cuenca, Vicente: (1995) Guía Arqueológica de la Campiña de Jaén. Granada.
Sierra Nevada 95/ El legado andalusí.1995:217.

Otros textos de referencia:

Molinos, M., Ruiz, A.; 2007: El hipogeo íbero del Cerrillo de la Compañía de Hornos (Peal de Becerro, Jaén), Junta de Andalucía. Universidad de Jaén, Jaén.

Molinos, M., Ruiz, A.; 2010: “De la cámara de Toya al Hipogeo de Hornos”, en A. Rodero Riaza y M. Barril Vicente (coord.) Viejos yacimientos, nuevas aportaciones ciclo de conferencias del Museo Arqueológico Nacional, 10-11 de diciembre de 2003. Ministerio de Cultura, 54- 77.

Ruiz Rodríguez, A. 2007: “Los Iberos”, en Gracia, F. (ed.) De Iberia a Hispania. Barcelona, 733-839.

Ruiz, A. y Molinos, M. 2007: Iberos en Jaén. Jaén.

Ruiz, A. y  Molinos, M. Gutiérrez, L. M. y Bellón, J. P., 2001: “El modelo político del pago en el alto Guadalquivir (S. IV-III a.n.e.)” Gerona, 11-12.

Ruiz, A. y Molinos, M. 1993: Los Íberos: análisis arqueológico de un proceso Histórico. Crítica. Barcelona.