PROLOGO

Se pretende que sea éste un espacio dedicado a entretener y deleitar (... a través de la fotografía fundamentalmente) ... a dar a conocer (...o traer al recuerdo) ciertos monumentos o espacios situados en el término o cercanías de Lahiguera. ...a llamar la atención por el estado de abandono y deterioro de muchos de ellos, ...y si llegara el caso, a remover la conciencia de todos los que somos "herederos" de tales monumentos y espacios, y que con nuestra aportación ayudásemos a la conservación de los mismos.

viernes, 19 de mayo de 2017

LA TERCIA DE LAHIGUERA ES AHORA PROPIEDAD MUNICIPAL.



SE CUMPLE ASÍ EL SUEÑO DE LOS HIGUEREÑOS, SABEDORES DE QUE OCULTA PARTE DEL PASADO HISTÓRICO DE NUESTRA VILLA.

Aunque no tengo confirmada la fecha, pero parece ser que en fecha 2 de marzo de este año 2017, se firmaba la escritura de compra de La Tercia a sus propietarios anteriores, la familia de Loli Lijarcio Fernández y herederos, por parte del Ayuntamiento de la villa. Se pone así fin a un capítulo largamente deseado por muchos higuereños, que deseaban desde hace mucho tiempo, que la Tercia de Lahiguera pasase a manos de las gentes de la villa, a través de su Concejo municipal, y se recuperase así quizá la parte del patrimonio cultural más abandonado que teníamos como población.
En la página de Facebook del Ayuntamiento de Lahiguera se pudo leer en fecha 3 de Marzo de 2017:
“Ayer fue un día importante para nuestro pueblo. Después de mucho tiempo de negociación y de reuniones se firmó la compra de la fortificación más antigua que tenemos "La Tercia", por parte del Ayuntamiento de Lahiguera.”
 (https://m.facebook.com/story.php…)
Puerta de La Tercia de Lahiguera. Foto de Carmen Berdonces Gavilán.
El destino, y quizá las circunstancias quisieron que hasta ahora ese deseo no se viese cumplido. Ya hace algunos largos meses, que a la salida del entierro de mi vecino y familiar lejano Salvador Pérez López, me lo comunicó el Alcalde (Florencio Morales Lara) y Teniente de Alcalde (Sebastián Martínez Pérez), en la puerta del templo parroquial. Ya se estaba en negociaciones con la familia y por ello se rogaba que se mantuviese discreción y no se hiciese público para mantener un estatus de venta normal, que no incrementara el precio de la citada finca urbana de nuestra villa. Ya había un dinero de una partida de Diputación que estaba reservado para tal fin. Gracias a esta Corporación Municipal, y también sobre todo el tesón de los Higuereños,  en mayor o menor grado, podemos decir que esta compra ha complacido a todo el vecindario, aunque para algunos fuese un sueño largamente esperado. Así  que la villa de Lahiguera recupera por fin unos restos de construcción sobre los que habrá que redefinir nuestra historia, a la vista de lo que la remodelación del edificio, y la puesta en claridad de lo que resulte excavado pueda darnos para la historia de Lahiguera.

Recientemente, hace tan sólo unos días y siendo conocedor de la compra, me acerque  a verla y a través de los agujeros de la puerta pude comprobar la existencia de dos arcos a la derecha del espacio interior y algo también de restos en el espacio de la izquierda.  Visto su entorno por la parte trasera que hoy linda con huertos particulares, se me ocurre pensar que en un futuro se podía constituir un parque  con la inclusión de esas fincas que propiciase el mejor mantenimiento de la Tercia, pues observe que en esa parte citada hay alguna parte de pared que necesitaría ser consolidada. Tendría así el vecindario y el pueblo un espacio, que aconsejo cerrado, para  el ornato  de la zona de vecindad y de los restos de la Tercia. La Tercia de la villa de Lahiguera, que tan  buenos  servicios  prestara  a la Iglesia y al pueblo, después de ser entregada como aldea de Andúxar tras el año 1225. No debemos de olvidar que en tiempos de penuria el trigo de sus graneros consolaba los vacíos estómagos de los higuereños menesterosos.
Fachada de La Tercia de Lahiguera. Foto de autor desconocido.
Para algún lector foráneo, decirle que La Tercia, está situada en la parte de nuestra villa, que fue el núcleo de población originario tras la reconquista por Fernando III, El Santo, en el año citado. Como era lo habitual en las aldeas conquistadas sin lucha, se respetaba a la población árabe la opción de permanecer en el terreno conquistado o se les daba la opción de marcharse con las propiedades que pudiesen llevarse en animales de carga o en mano, quedando las casas y los bienes inamovibles para los futuros pobladores.
Tras 1225 debió construirse el Castillo de La Fuente de la Figuera, que ocupaba la parte posterior del presbiterio del templo calatravo que se construyó después, parece que al otro lado de la muralla antigua que daba seguridad a la aldea, ante los ataques de los vecinos árabes de Arxuna. En el Callejero Decimonónico de Lahiguera cuyo original se conserva en el Ayuntamiento aparece ese espacio entre el presbiterio y La Tercia con el nombre de Plaza del Castillo, un nombre que debía restituirse en el futuro para esa plazoleta.  Quedaba así constituido un núcleo urbano de la aldea de La Fuente de la Figuera con un Castillo y un templo en la Tercia que quizá en principio tuviese la doble misión de culto y refugio ante cualquier razia por parte de los árabes de Arxuna, dado que el posterior rey Al –Hamar, ya ejercía, después de los trabajos del campo, incursiones por los terrenos recién conquistados por el Reino de Castilla. Incursiones o razias que devastaban los campos sembrados y acosaban a la población de la aldea.
Suponemos que en un principio, quizá fuese el Templo y que después sería reconvertido en la Tercia, el primer edificio religioso construido en ese perímetro, después pudo construirse el Castillo de La Fuente de la Figuera, ya dado por desaparecido en el siglo XIX, con la posterior construcción de los calatravos del Templo de Nuestra Señora de la Consolación actual.
En esta foto aérea de J.J. Mercado, puede observarse La Tercia, la plaza del Castillo y el templo Calatravo de Nuestra Señora de la Consolación del siglo XVI.
Manuel Jiménez Barragán y yo, estamos en el consideración de que la puerta de la Tercia que hoy es el resto mejor conservado, no pudo ser otra cosa que la entrada a un templo originario de nuestra villa, de ningún modo pudo ser puerta de entrada al castillo por la envergadura de sus dimensiones, que resultaba imposible para el paso de caballeros huidos a la grupa para entrar en ese espacio como refugio.
Fotografía de La Tercia en la calle Ancha de Lahiguera.
Todo hace pensar que por lo visto el edificio de La Tercia era propiedad de la Iglesia de la aldea, que fue destinada a recoger los impuestos que por entonces cobraba esta institución: Los diezmos y primicias. Los diezmos eran la décima parte de lo recolectado en el año por los vecinos


Supongo que una vez construido el Templo Calatravo que conocemos, el edificio fuese adaptado sin muchas variaciones para recoger los bienes entregados a la iglesia de la villa, tanto de los primeros productos del campo o ganaderos, que se entregaban a la iglesia local llamados Primicias, de acuerdo con el Obispado, así como también el tercio de los productos recogidos que también eran entregados a la iglesia, de ahí su nombre.
En muchos lugares la Casa de La Tercia si identifica con la Casa del Pósito, en nuestro caso esa coincidencia no se da, dado, que cuando se construyó El Pósito de La Higuera en el siglo XVIII, quizá en la década de 1770, coincidiendo con la expansión de la población hacia el cruce de caminos de Jaén, Villanueva, Andújar y Arjona, se fue formando la llamada Calle Llana que se entendió progresivamente hasta la Calle Mesones, en el cruce de la carretera de Villanueva. En ese tiempo se debió establecer el ayuntamiento en esa calle y el templo de Jesús, que después hemos conocido como Ermita del Santo.

Tres momentos de la firma de la escritura de compravente de La Tercia ante el escribano público o notario. En la foto Loli Lijarcio Fernández, anterior propietaria, y el Alcalde de Lahiguera.
El Pósito de la calle Llana debía disponer de una parte de bodega para granos y de tinajas de varios cientos de arrobas, e independientemente en la planta primera y con ascenso por el patio a un gran granero sin divisiones de atrojes para otros tipo de cereales que seguramente en su mayor parte sería para trigo. A falta de documentación no sabemos la fecha en que El Pósito fue construido en nuestra villa, ni su coste en reales, así como los distintos materiales y utensilios utilizados en esa época para dotación del mismo a base de tinajas o “vasos de caber de trescientas o cuatrocientas arrobas” con destino a nuestro Pósito.
Resultará sarcástico que la nueva calle creada se llamase Llana, todo va en función de las circunstancias de las calles anteriores de la aldea, que todas disponían de cuestas en todos los sentidos. Por eso debió nominarse como calle Llana a una calle que no lo era, al menos en su parte inicial.
El edificio de La Tercia era propiedad de la Iglesia y era destinado a recoger los impuestos que entonces cobraba esta institución: los diezmos y primicias. Los diezmos era la décima parte de los frutos que debían pagar los vecinos. Fue lugar de almacenaje y recaudación de los diezmos de la villa (Décima parte de la cosecha de trigo, centeno, etc., "una especie de rento": y las primicias eran los primeros frutos obtenidos, y éstos debían entregarlos en la Casa Tercia (Los primeros corderos, las primeras lechugas,...)
Curiosamente en Pintarest he encontrado esta foto con el título "Castillo de La Higuera. Jaén. Spain." con las iniciales de J.J. Mercado. Nunca sospeche que hubiese una foto del castillo, pero parecida pudo ser la planta del desaparecido Castillo de la Fuente de la Figuera.
El edificio de La Tercia estaba destinado a reunir la parte de los diezmos eclesiásticos y demás rentas correspondientes a la Corona. En el año 1841 la supresión definitiva de las rentas pagadas a la Iglesia, tras la Desamortización de Mendizábal, hizo desaparecer el uso previsto para el edificio.  La Iglesia cobraba los diezmos y primicias, y las dos novenas partes de lo recaudado debían entregarlo al Rey, a estos impuestos transferidos al Rey se les llamaba las Tercias Reales. Casa de la Tercia tenía la finalidad de albergar géneros en especie, fundamentalmente granos (trigo y cebada), aceite y vino procedentes del Impuesto de la Tercia -Diezmo o Décima- sobre la renta del pan, el cual era recaudado por el fiel de la villa con destino a la Iglesia Diocesana de Jaén. Quedaba por tanto constituida como un notable complejo de almacenes, bodegas, corrales y cuadras donde se recibían los impuestos eclesiásticos. Desde tiempos antiguos, cuando la circulación del dinero era menor, el pago y la recaudación en especie eran la norma.
Los diezmos y primicias correspondientes a la Iglesia de Lahiguera se distribuían después entre el Obispado de Jaén, y los priores o los canónigos de la parroquia.
La Tercia representaba en su momento uno de los ejemplos más logrados de arquitectura religiosa de nuestra aldea. Después de funcionar como templo se convirtió en el edificio austero de las dimensiones  que conocemos, si mantiene su tamaño original, en el que después primaba más lo funcional que lo ornamental,  a pesar  de los restos de construcción vistos desde los agujeros de la puerta de entrada, con lo que quedaría finalmente en una construcción, pensada para dar perfecta cobertura a su orientación administrativa y económica de la iglesia local, dependiente del obispado de Jaén al que debería rendir cuentas.
Edificio de la Tercia de Úbeda, construido en el siglo XVII como nueva Tercia delante del Castillón. Foto de Miguel Merino Laguna.
Casa de La Tercia de Úbeda, hoy Centro de interpretación del olivar.
La fecha exacta de su construcción es todavía una incógnita, aunque todo indica que se debió iniciar en el momento en que Lahiguera se convirtió en núcleo de población con los nuevos avecindados en la villa procedentes de las tierras del norte de Castilla. Dispuso de Castillo y templo anterior al templo calatravo, en un espacio urbano donde la calle Ancha sería el lugar donde se comerciaba con los productos agrícolas o ganaderos de la aldea, algo así como “el mercado medieval que ahora visitamos en otras poblaciones. Perímetro que durante más de cuatro siglos fue el entorno de la aldea, rodeada de murallas que daban seguridad a los vecinos herederos de la repoblación tras la reconquista y a través de los siglos posteriores.
Posiblemente estuviese en consideración por parte de la Orden de Calatrava, si era adecuado mantener su posible destino inicial como templo, o por otras consideraciones de crecimiento de la población se desechase la idea y quedase como dependencia administrativa y de almacenaje de la iglesia local que cobraba los diezmos y primicias. Tal vez fuera también una pequeña lucha entre la jurisdicción militar de la Orden de Calatrava y la jurisdicción de la parroquia de Lahiguera como parte del arciprestazgo de Andújar.
Los estudios arqueológicos que se deberían efectuar antes de acometer su rehabilitación, pondrían de manifiesto la existencia de un edificio anterior, como templo, a la reconstrucción de lo que actualmente queda  y pueda  apreciarse. Habrá que comprobar a través de la identificación de las cimentaciones las fases de construcción de los mismos, por parte de expertos, y ver si a través de la continuidad de los cimientos el edificio mantiene la forma originaria o fue modificado en la parte posterior que parece estar reforzado o construido por tapial desde la verja de tela metálica que hay a unas decenas de metros.
Obras en la techumbre de la Casa de la Tercia de Lopera.
Obras de rehabilitación de la Casa de la Tercia de Lopera.
Obras de restauración de la Casa de la Tercia de Lopera.
Casa de La Tercia de Lopera después de restaurada. Fotografía de Rafael Alarcón Sierra.
Interior de la Casa de la Tercia de Lopera, convertida en centro de cultura con exposiciones de pintura temporales.
Tres instantáneas de la sala de exposiciones de la planta de arriba de La Casa de la Tercia de Lopera, entrando por la puerta de la calle de la cuesta.
Sala de la planta baja de la Casa de la Tercia de Lopera con entrada por la puerta de abajo.
En 1837 siendo ministro de Isabel II, Juan Mendizábal, y coincidiendo con la desamortización eclesiástica se le retiró a la Iglesia el derecho a cobrar los diezmos y primicias. A partir de entonces estos impuestos pasan a ser cobrados exclusivamente por el Estado, quien se encargaría de su recaudación como un tributo más, y de lo recaudado la mitad se destinaría al culto y al clero, y la otra mitad se ingresaría en las arcas del Estado. En 1841 se abolieron definitivamente los diezmos.
Suponemos que a partir de 1837 y desamortizado como bien de la Iglesia, La Tercia entraría en un estado de abandono como edificio, que en un principio quedaría abandonado, sin dueño,  se terminaría hundiendo la cubierta del edificio, y del que cada cual tomaría las piedras y materiales reutilizables que necesitase para los cimientos de sus construcciones de viviendas familiares. Estado que cesaría cuando pasase a manos privadas. Quizá en la nota simple de la finca se puedan apreciar algunos datos de sus anteriores propietarios. Es posible que la propiedad de la Tercia pasase a manos privadas a través de un tipo de venta que se denominaba “a censo reservativo”, pero seguro que no fue reparada y con el tiempo se convirtió en un corralón para uso ganadero o de almacén de leñas.
Casa de la Tercia de Torre de Juan Abad.
Hemos comentado anteriormente que en 1837 se realiza la desamortización eclesiástica por la que se nacionalizan los bienes del clero y salen a subasta la gran mayoría, y también que a partir de esta fecha es cuando la Iglesia deja de cobrar los diezmos y primicias. Esto nos explica que se abandonara la Tercia y se deteriora gravemente.
Cabe preguntarse entonces, si como bien desamortizado a la Iglesia, como consecuencia de la desamortización eclesiástica aludida, estuvo un tiempo nacionalizada, o sea en manos del estado, que somos todos, o se considerase por ello sin dueño, con lo que cada cual se sentiría en el derecho de coger la parte que desease para uso propio, o si fue subastada y adquirida por algún vecino de la calle para su uso particular. Eso sin contar con que el proceso de expropiación del estado se paralizase y no continuase por la interrupción que supuso que en 1845, cuando los moderados llegaron al Gobierno de la Nación se interrumpió el proceso desamortizador de los bienes de la Iglesia, con lo que en ese intervalo de tiempo es posible que fuese devuelta a sus antiguos propietarios o dueños, que no eran otros que el prior y los representantes de una iglesia local, carente de recursos que se verían desinteresados en el mantenimiento de la antigua propiedad de la parroquia abandonada durante ocho años y sin dueño aparente. En algunos casos se ha documentado la situación de devolución de la tercia en otras poblaciones a través del informe del Administrador Diocesano en virtud de la Ley de tres de abril de mil ochocientos cuarenta y cinco.
Casa de la Tercia de Turleque (Toledo)
Se hubiese construido El Pósito en la calle Llana o no, el almacén de granos que dejó de existir en la Tercia, de parte de la Iglesia, paso a ser obra civil, por lo que se construiría la Casa del Pósito de Lahiguera en la vecindad del Ayuntamiento, en la misma calle Llana, para almacén de grano y semillas y como bodega de aceite. Ya en el siglo XIX, el pósito fue regentado por una Junta Administrativa dependiente del Concejo municipal, que se encargaba de regular la recogida y entrega de los cereales que los agricultores llevaban a dicho edificio.
Casa de la Tercia de Pliego.
Las Casas de la Tercia presentes en innumerables poblaciones de España fueron unas instituciones que aparecieron tras la Reconquista en los territorios de jurisdicción señorial y de las Órdenes religiosas. Cuando los señores eclesiásticos y nobles fueron perdiendo capacidad de gobierno, relevados por los concejos municipales, esta institución pasó a llamarse también Pósito Municipal. Además de éste, había otros pósitos, que guardaban grano para ser distribuido entre los pobres, los llamados Pósitos Píos, organizados con fines altruistas por los fieles y autoridades de la Iglesia como medida de solidaridad con los más empobrecidos. Su función principal era la de cobrar los impuestos, que en la época no lo fueron en moneda sino en especie. Así, la Iglesia y los señores que tenían jurisdicción sobre el territorio, cobraban una parte de la cosecha recogida, (de ahí lo de “Tercia”) de la cosecha de trigo y otros cereales. También tuvieron estos edificios otra función, que era la de ser símbolos del poder de los propietarios agrícolas y ganaderos de las aldeas o villas, por ello normalmente estaban ubicados en los lugares más céntricos de las poblaciones, junto a la iglesia, dos poderes máximos de las nuevas poblaciones. Esa era la razón de estar ubicados en lugares centrales de las villas, como símbolos del poder de sus propietarios, en las villas la vieja casa de la Tercia siempre estaba situada en el interior más céntrico de la villa medieval.
Casa de la Tercia de Cehegín (Murcia).
A lo largo de los siglos en Lahiguera hubo dos casas que indudablemente tuvieron que producir algunos desacuerdos,  con natural recelo, en el vecindario que aportaba parte de sus bienes a estas casas, no olvidemos que no dejaban de ser impuestos primero en La Tercia, propiedad de la parroquia,  y después en la Casa del Pósito propiedad del Concejo municipal. En el año 1752 y bajo  la autoridad de comisario administrador de las tercias reales del obispado de Jaén,  ejercía como  lego don Juan Antonio de Castro, con el cargo del control de contador y notario mayor de rentas decimales del obispado, el noble don Lucas Andrés de Charte, y la supervisión del vicario arcipreste de rentas decimales, el joven de 18 años clérigo de menores don Francisco Javier Solano, con quien posiblemente negociaría la entrega el prior de Lahiguera. 
Situado el fiel o medidor a la entrada, el presbítero fiel de la tercia del pan decimal,  o cualquiera de sus dos compañeros legos fieles, percibían en especie a razón de dos fanegas de trigo por cada 100 que entraban.
En muchos lugares la casa de La Tercia se ha rehabilitado y convertido en centro cultural y turístico a visitar, centralizando todo el material recopilado por los vecinos sobre su pasado histórico.  
Las casas de la tercia proliferaron dando lugar a una toponimia en el callejero de numerosos pueblos y ciudades, en los que aún pervive el recuerdo de esta historia, como ocurre  con el edificio que Lahiguera acaba de recuperar.
Hago esta aportación porque considero que un hecho de tanta importancia para mí no debe quedar sin ser considerado y comentado en este blog. Esperamos que los siguientes pasos se realicen con acierto en bien de nuestro patrimonio cultural.
¡Enhorabuena a todos los higuereños y a sus gestores municipales!


Granada 19 de mayo de 2017.
Pedro Galán Galán.